"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

24 de octubre de 2013

Lamiendo la entrepierna del dictador

Dirigente político meditando
medidas necesarias por el
bien del país.
¿Con qué poca vergüenza un gobierno [que se auto-proclama como el más democrático y justo de la historia] afirma que un acto en defensa del derecho a la vivienda es terrorismo, o que una manifestación por el derecho a la educación es demagogia? ¿Bajo qué criterio afirma que su deber es españolizar, y hacer las cosas "como Dios manda"? ¿Con qué descaro puede seguir defendiendo unos datos económicos que ya se han demostrado falsos? ¿Con qué fundamento critica la sentencia de un juzgado, llamándola injusta, cuando se trata de un tribunal que dicta en base a los Derechos Humanos?

Aquí ya no se trata de una cuestión ideológica, sino de una hipocresía pura, de incongruencias continuas, de una inconsecuencia entre lo que se defiende y lo que se dice que se defiende. Se trata de un gobierno democrático, con una constitución basada en los derechos humanos, que ejerce de forma dictatorial. Se trata de un gobierno que se está follando analmente tanto la división de poderes como la soberanía popular.


La cultura (historia, arte, filosofía, ciencia, lenguaje, vida) no creo que se haya visto tan afectada nunca como lo está ahora, ciertamente, porque se pretendía haber alcanzado cierto nivel en la misma; el error de todos nosotros es llegar a creer que habíamos llegado en 30 años al nivel cultural que se había generado en Europa a través de siglos; creer que pasar de 0 a 100 significaba llegar incluso al 110%, superando al resto; no percatarnos de que todo era una chapuza política, una mentira tras otra, un engaño; dejarnos llevar llevar por un espíritu de utilidad inmediata, en lugar de consolidarnos.

Nunca hemos tenido, más allá de una cultura popular, una cultura democrática, política y ética, al nivel que exigían los medios que pretendíamos usar, y los que ahora hemos perdido sin apenas habernos acostumbrado. La política sigue teniendo el matiz dictatorial del franquismo; de hecho, estamos ante un gobierno fascista que, al margen de lo que defienda (ya sean los bancos o las víctimas del terrorismo), pretende que su dictado, más allá del pueblo y del sistema de justicia, sea doctrina indiscutible, dogmática; pretende que los reverenciemos como perros obedientes, lamiendo la entrepierna del dictador.


17 de octubre de 2013

Los juegos del asco

   Hoy, durante unos pocos segundos, he escuchado la radio del coche. No es que yo la escuche o no la escuche, que la suela poner y no atienda, sino que ocurre a veces, mientras cambio el CD de música. Porque, ¿qué querría escuchar en la radio? ¿Programas de "humor", de los de llamadas de broma? No son gran cosa; incluso ya aburren (y no sé si los siguen poniendo). ¿Noticias? Nada me interesa menos que escuchar comentarios redactados con esmero bajo una ideología específica. ¿Música? Para eso tengo mis CDs, y no me veo obligado a escuchar lo que sea que me pongan en la radio. Y por eso mismo, estaba yo hoy cambiando un CD del coche cuando, durante unos pocos segundos, he escuchado la radio. Ha sido rápido, pero conciso: "En una entrevista, el cantante Albert Pla ha dicho que le da asco ser español. Debido a estas declaraciones se ha cancelado un concierto en un sitio que no recuerdo" (lo admito, he manipulado las palabras de una inocente presentadora de un canal de radio que desconozco, porque no las recuerdo con exactitud, pero la información básicamente era esa). He vuelto a escuchar la noticia, y me he enterado de que era en Gijón; sigue sin importarme lo más mínimo. Lo que me importa son las declaraciones de Albert Pla.

   La idea que se extrae es simple: le da asco ser español, y considera que todos deberían sentir lo mismo; además, defiende la independencia de Cataluña desde esta misma posición, pues, ¿quién no querría independizarse?
  Creo que es obvio que no estamos hablando de un independentista que odia España, sino que el argumento funciona al contrario: del asco que produce España, cualquiera querría independizarse, y es algo completamente defendible.
   Ahora viene mi opinión al respecto, que voy a dividir en los siguientes puntos:
  1. Coincido en el asco hacia el concepto de "español". Histórica y culturalmente, España siempre ha sido el caballo más lento de Europa; no solo eso, sino que tras la pretensión post-franquista de poner a ese caballo al mismo ritmo que los demás, se intentó olvidar por completo que los sementales de Europa occidental tenían en sus carnes el transcurso de muchos siglos de errores y rectificaciones, de enfrentamientos, de filosofía, de política, de educación. que trae como resultado una cultura firme y unos ciudadanos convencidos de su rol social. Sin embargo, España, recién salida de una etapa de miedo e incultura, de escasa educación, de totalitarismo, se encuentra ante unos medios excelentes que no sabe usar, como si le damos un libro a un perro. Se concibe, desde la familia, la nueva posibilidad educativa como un acceso a mejor empleo y más dinero; esa es la preocupación. Sin embargo, a nivel europeo, la ocupación educativa no es el aprobado, la nota, el trabajo, y el dinero, sino el aprendizaje y la cultura. Por eso el español medio tiene un nivel cultural ínfimo, pese a poseer los medios (cada vez más escasos, por cierto, y que tampoco se saben reclamar, puesto que las jornadas de huelga son, en los institutos y colegios, fiestas y oportunidades para no estudiar durante un día). En otras palabras, culturalmente, España da asco. A partir de ahí, se entiende que cualquiera pueda decir que le da asco ser español, puesto que, en ese sentido, ser español no es nacer en un lugar o tener un DNI, o trabajar en un sitio, o pagar los impuestos, sino que se trata de una cuestión ideológica, una cuestión de satisfacción cultural.
  2. Coincido igualmente en que es defendible que alguien, a partir de este sentimiento de asco, quiera independizarse. De hecho, sentir repulsión no significa independizarse legalmente, sino tener sentimientos contrarios al lugar de pertenencia legal; esa puede ser una razón de independencia tan válida como cualquier otra, incluso más. Ni que decir tiene que es más racional que la contraposición de otro sentimiento nacionalista.
  3. Sentirse de un sitio, como se puede suponer tras lo dicho, no significa ser legalmente de un sitio, ni ser legalmente de un sitio implica que uno tenga que sentirse de ahí y no de otra parte. Si suponemos a un chaval de padres franceses que se educa en España, en el sistema educativo español, pero sus padres le enseñan una serie de valores y actitudes propias de Francia, puede que él se sienta más francés que español, pese al lugar donde haya vivido. Lo mismo con un estudiante que se interese por la cultura alemana, turca, o japonesa, y prefiera alguna de éstas a la española. Se trata de un sentimiento, no de una pertenencia legal.
  4. La respuesta crítica a este tipo de declaraciones es desproporcionada e irreflexiva. Si alguien tiene cierta ideología, ciertas creencias, por mucho que nos empeñemos no podemos más que decir que no las compartimos; más aún si están bien razonadas y no se basan en dogmas o falacias. Sin embargo, la respuesta que se muestra siempre que se dan estas declaraciones es un rechazo tal como el "aquí que no venga", que se refleja en el lugar este donde han cancelado el concierto. Me repito: que alguien tenga un sentimiento, una ideología, un pensamiento, una creencia, no es razón para expulsarlo de un lugar donde reside legalmente; legalidad e ideología son asuntos diferentes, que en principio no se deben mezclar. Obviamente, por conflictos ideológicos puede cancelarse un concierto, pero parece más bien algo vergonzoso que una razón justificada. De hecho, esta reacción me parece asquerosa. Entiendo que es fruto de una situación tensa, pero sigue sin ser justificante de la idiotez. Más bien, refuerza lo que Albert declara, y es que cualquiera, ante esto, debería sentir asco. De hecho, el que alguien que siente asco por una cultura admita, pese a ello, que debe vivir legalmente inmerso en ella, al menos si no tiene posibilidad de desprenderse de su nacionalidad, o cambiar de país, o que directamente se sienta a gusto donde está al margen de su ideología, es una razón más para criticar a todo aquél que presupone que los gustos y los disgustos son relevantes en la pertenencia a un país. Queda aún el residuo del exilio franquista.