"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

26 de septiembre de 2013

Pensamiento Oriental I: aproximación al Zen y visión occidental de la cultura oriental

[La mayor parte de este contenido está basado en textos de Eugen Herrigel y otros, citados al final; el contenido no es más que una conceptualización de una práctica compleja, por lo que no es instructivo para realizarla; si están interesados en la instrucción en el Zen, contacten con alguien instruido en el mismo, pues nada de lo que encuentren aquí les ayudará más que en sentido estrictamente teórico]

Hace tiempo que estoy interesándome, como algunos sabrán, por investigar un poco en los entresijos de la cultura japonesa, y oriental en general, así que hoy he decidido escribir un poco al respecto. Voy a empezar con un autor europeo, de principios del siglo XX. Se trata de esos pocos filósofos que, todavía tras el brusco cambio moderno, que deja de lado al romanticismo, al transcendentalismo, y da la espalda a Hegel para adoptar a Comte, se decidían por indagar en el pensamiento típico de las culturas orientales, más allá de lo que se ha extendido como prácticas medicinales o deportivas alternativas.

Eugen Herrigel (1884-1955), que se ganó algunas malas caras cuando decidió instruirse de verdad en el budismo zen, trasladándose a Japón, dejó un testimonio claro y bastante preciso de su experiencia instructiva en el tiro con arco. Si, tiro con arco; pero no estamos hablando de aprender a acertar un blanco, sino de llegar a otro estado de conciencia, propio del Zen, a partir de una práctica en principio técnica. De hecho, Herrigel expone esto como "el arte del tiro con arco".


APROXIMACIÓN AL ZEN

¿Por qué se aprehende el Zen a partir de prácticas como el tiro con arco o la ceremonia del té?

El Zen, que no me voy a detener a explicar hoy en detalle, tiene como característica principal el requerimiento del aprendizaje mediante práctica; no se puede acceder a él teóricamente (de hecho, yo aquí solo considero mi conocimiento del mismo conceptualmente, pero eso es quedarse en la superficie, y no permite introducirse realmente en el mismo). En otras palabras, para practicar el Zen hay que ser instruido directamente de mano de un maestro Zen, y ni siquiera él debe explicar teóricamente a su discípulo en qué consiste dicha práctica.

Las fases del aprendizaje, como la respiración, la relajación, los movimientos fluidos, deben ser practicados a imagen del maestro, que debe observar y corregir cuando sea necesario hasta que el alumno descubra por sí mismo la manera correcta de hacerlo. Además, el maestro no solo no debe explicar al discípulo cómo hace él cada una de estas cosas en la teoría, sino que debe dejar que fracase hasta que esté preparado para recibir la clave de su instrucción. Así lo explica Herrigel:
El maestro observaba atentamente mis esfuerzos, corregía mi postura, elogiaba mi celo, me censuraba por mi desgaste de fuerza pero, por lo demás, me dejaba hacer. [...] Pero llegó el día en que fui yo quien perdió la paciencia y confesé que simplemente me era imposible estirar el arco de la manera indicada.
«No lo consigue -aclaró el maestro- porque no respira bien. »[...]
Practiqué la nueva respiración sin arco y flecha hasta que llegó a convertirse en cosa natural. [...] En oportunidad de una prolongada charla pregunté al señor Komachiya por qué el maestro había observado impasible durante tanto tiempo mis infructuosos esfuerzos [...] por qué no había insistido desde un principio en la respiración correcta: «Un gran maestro -respondió- tiene que ser a la vez un gran pedagogo; para nosotros, las dos cosas son inseparables. Si hubiera iniciado la enseñanza con los ejercicios respiratorios, jamás le habría convencido de su decisiva influencia. Primero tenía que naufragar usted en sus propios intentos, para que estuviera dispuesto a asirse del salvavidas que le arrojó.» (HERRIGEL, Zen en el arte del tiro con arco, pags. 49-50, 54-55)

Creo que el ejemplo es claro.


¿Cuál es el punto clave que articula la doctrina Zen?

Si queremos resumirlo en un punto (que desarrollaré en otra ocasión), quizá deba ser de la siguiente forma: La doctrina Zen trata, principalmente, una actitud de similitud o semejanza entre el yo y el mundo, confundiéndose ambos a la hora de actuar.

Esto se consigue mediante una concentración máxima, basada en la respiración controlada y en la ejecución de un protocolo ceremonial detallado, dejando de lado cualquier otra distracción o pensamiento; esto es un pensar sin pensar. Así, se realizan movimientos fluidos, relajados, que no ejercen fuerza, y que confunden el movimiento del individuo con el del mundo, hasta el punto de ser respirado, en lugar de respirar.
De una simple hoja de bambú usted puede aprender de qué se trata. Bajo el peso de la nieve se inclina, más y más. De repente, la carga se desliza y cae, sin que la hoja se haya movido. Igual que ella, permanezca en la mayor tensión hasta que el disparo 'caiga'. Así es, en efecto: cuando la tensión está 'cumplida', el tiro tiene que caer, desprenderse del arquero como la nieve de la hoja, aun antes de que él lo haya pensado. (HERRIGEL, Zen en el arte del tiro con arco, pag. 97)
Esta concepción sitúa el centro de la acción fuera de uno mismo, de modo que en vez de actuar, se recibe la acción, o se participa de ella. Esto se da también en la cultura japonesa, en la mente de los japoneses, en su lenguaje, donde el yo se define a partir del contexto, y no como entidad a priori. Alexis Rygaloff llama a este fenómeno lococentrismo (es decir, de centro locativo).
Además de los lenguajes personales (o subjetivos), egocéntricos, admitimos que existen los lenguajes impersonales, y que muchos de ellos se pueden encontrar en lenguajes lococéntricos. El chino y el japonés podrían ser este caso. (RYGALOFF, Existence, Possession, Présence, pag. 13)


VISIÓN OCCIDENTAL DE LA CULTURA ORIENTAL

Cuando pensamos en culturas que difieren tanto de la nuestra [de todos y cada uno, en conjunto], no podemos evitar, de alguna manera, adaptarla a la forma de pensar que tenemos asimilada; esto suscita a menudo confusiones, sobre todo si se trata de un contraste tan radical como el que estamos tratando, que se podría decir incluso que es inverso a lo que conocemos. De hecho, la característica principal de Occidente, especialmente desde la aparición de la filosofía, es el apego al yo. Pero ésta es una actitud cuasi-universal, natural del ser humano; es decir, es propio de las primeras impresiones que se tienen de uno mismo y del mundo que nos rodea. Si lo aplicamos en el contexto [budista] que nos interesa, encontramos que, tal y como explica Herrigel, antes de proceder al aprendizaje del Zen, es necesario tomar conciencia del error de ese ego.
El yo es parte integrante de la naturaleza del hombre, de la misma manera como el ala es parte del pájaro. En esta comparación, el yo entra perfectamente dentro del orden de las cosas. Sin embargo, es la causa y el instrumento de la caída del hombre. A medida que este aprende a distinguirse cada vez más de todo lo que no es él, de todo lo que no forma parte de él, la discriminación entre yo y no-yo toma aspecto de oposición.[...] Esta actitud influye en todas las relaciones con el mundo, incluidas aquellas en las cuales el yo no debería persistir en ubicarse "enfrente", sino encargarse al no-yo e incluso desaparecer en él. [...] Cuanto más responsable se sabe (el hombre) en todas sus actividades más rápidamente llega a una cierta vanidad del yo. [...]
Suponiendo que lo deseen, tales hombres no pueden comprender hasta qué punto se halla errado en ellos. Es que sus corazones están endurecidos. He allí la razón más profunda por la cual el budismo zen renuncia a provocar el despertar, no propone ningún modelo de hombre, no cree en la virtud edificante de los sermones. Estos no constituyen sino palabras y nada más. [...] Los monjes zen no conocen sino dos formas de acción, que se corresponden mutuamente: por un lado ofrecer un ejemplo convincente, por el otro, esperar. Esperar que, aquí o allí algún corazón se conmueva un poco, que sienta, sin saber ya qué pensar de sí mismo, la nostalgia de otra forma de existencia. (HERRIGEL, El camino del zen, pags. 72-74)


¿En qué se basa la incomprensión occidental del Zen?

Terminando esta introducción, voy a señalar tres errores que comete el pensador occidental al considerar el valor de la práctica Zen (también aplicable a la cultura china y japonesa clásicas).

1. Como ya hemos dicho, desde el inicio de la filosofía en Europa occidental se ha defendido una visión subjetiva del mundo, basada en la razón, en el logos, es decir, en la mirada propia. De hecho, ya Aristóteles distinguió "acción" y "contemplación" como actividades que tienen en su centro a la persona, y cuyo principio distintivo no es otro que el de la intervención en el mundo. Obviamente, bajo estos conceptos, y los que derivan, no puede entenderse el pensamiento japonés, ni mucho menos el Zen.

Veíamos que el tiro con arco, desde el Zen, trata de una fusión mística con la fuerza y la tensión del arco, dejando que la mano ceda y suelte la cuerda como una hoja de bambú deja caer la nieve que ha acumulado. En ese hecho no hay persona que ejecute, no hay acción propia, pero tampoco es una mera contemplación: se trata de una participación en el mundo (de esto hablarán los pensadores japoneses modernos, a los que ya trataré más adelante). Se trata de que la flecha se dispare; y en ese disparo, si es correcto, la persona interviene, pero no es la causa de que se dé.
Ya sabe que no debe enojarse por los tiros fallados. Pero tampoco debe regocijarse con los logrados. Tiene que desprenderse de ese fluctuar entre placer y displacer. Tiene que aprender a sobreponerse a ello con libre ecuanimidad, alegrándose como si otro hubiese hecho esos disparos. (HERRIGEL, Zen en el arte del tiro con arco, pag. 119-120)

 2. La segunda razón (más actual) es el desinterés generalizado por la corrección de los protocolos. En Japón es esencial guardar las formas, es decir, seguir un código de actuación normalizado, al margen de la opinión de cada uno. No se trata de una falsedad, sino del cumplimiento debido de ciertos actos institucionalizados, o pertenecientes a ciertas ceremonias.
Un pintor a la tinta china se sienta frente a sus alumnos. Examina los pinceles y los prepara pausadamente. Disuelve la tinta con esmero, endereza la larga tira de papel, extendida delante de sí sobre la estera. Finalmente, después de haber permanecido un largo rato en profunda concentración, durante el cual parece como envuelto en una atmósfera de intangibilidad, crea con trazos rápidos e infalibles una imagen [...] Los maestros se comportan como si estuvieran solos. [...] Ensimismados y serenos ejecutan las operaciones preliminares [...] Mas ¿por qué el maestro no encarga a un discípulo experto esos trabajos preparatorios, inevitables, pero, de todos modos, subalternos? (HERRIGEL, Zen en el arte del tiro con arco, pags. 88-89)
 Esa es la cuestión que un occidental parece no comprender. Al parecer, esos actos ayudan al maestro a conectar y concentrarse en la pintura. Es más, desde el punto de vista zen, esos actos son básicos para que se pinte correctamente, al igual que en el tiro con arco el tirador saluda a la diana antes de preparar el tiro y después de que se dispare.

Para ejemplificar esto voy a equiparar estas actividades con otra de nuestro ámbito personal, como es la conducción (el budista zen diría que el coche se conduce, y no que lo conducimos; buena excusa para cuando se tenga un accidente). En el caso del conductor, éste tiene que ponerse el cinturón, arrancar el coche, quitar el freno de mano, poner la 1ª marcha, y otras cosas [dependiendo de la situación del coche, si está en cuesta, si es de noche, etc.], antes de acelerar. El hecho de conducir es tanto el transcurso desde que se sale a la carretera hasta que se aparca, como la preparación de ello; más bien, la preparación sería una parte del mismo acto de conducir (donde también entra el mantenimiento del vehículo). Decir a otro que haga eso por nosotros, o no saber hacerlo bien, representa un problema para la conducción. Es más, si pensamos en que durante el trayecto en carretera hay otros elementos secundarios, como el limpiaparabrisas, o los intermitentes (para algunos, más que secundario, es innecesario), o incluso el acto físico de mover las marchas, que pueden quedar fuera del acto puro de conducir, de su esencia (como se defendería bajo la tradición filosófica occidental), estaríamos admitiendo que esos actos puede realizarlos un copiloto con conocimientos suficientes (tal como se pregunta Herrigel con la preparación de la pintura). Sin embargo, para el profesor de autoescuela todo el procedimiento misceláneo es tan importante como esa esencia, o más, y consideraría que una conducción que relegara esos elementos a un copiloto no sería una conducción buena o completa, o incluso dejaría de ser conducción.

Esto me trae al último punto:

3. La costumbre más extendida de la disciplina filosófica occidental es discriminar toda otra disciplina que no siga un criterio basado en la razón y, al mismo tiempo, intentar adaptar esas otras disciplinas al modelo de pensamiento que cree infalible y universal. Esta tendencia se ha acrecentado y ha acabado por rechazar todas las disciplinas espirituales a partir de la modernización, la tecnificación, la cientificación del pensamiento; a partir del positivismo. Bajo estos conceptos, es imposible comprender de qué manera y por qué existen disciplinas como el Zen y culturas como la japonesa.



No me queda más que recomendaros, si os interesa este tema, que busquéis textos a respecto, o si ya lo conocéis, que me corrijáis si he errado en algún punto (o en todo el artículo). Asímismo, también aconsejo, ya que lo he usado aquí, que compréis una buena traducción del libro de Herrigel, Zen en el arte del tiro con arco, antes de que algún eurocentrista los queme todos argumentando que no es filosofía.


BIBLIOGRAFÍA CITADA:

HERRIGEL, Eugen:
- Zen en el arte del tiro con arco, Eds. Kier y Gaia, 2012
- El camino del zen, Paidos, 1991

RYGALOFF, Alexis:

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA:

NAKAGAWA, Hisayasu:
- Introducción a la cultura japonesa, Melusina, 2006

OSHIMA, Hitoshi:
- La estructura fundamental del pensamiento japonés, UAM, 2006