"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

23 de abril de 2013

Los días festivos

Los días festivos no son solo días de no hacer nada; no son meros días libres (¿qué es eso de ser libres?, ¿acaso toman decisiones, o las tomamos nosotros en ellos? Parece ser que no hacer nada es una decisión tan importante como para llamarse "libre", pero en el fondo resulta lo que mucha gente quiere... más bien parece una configuración por defecto); se trata de días espectaculares.
Y no, no me refiero a que sean maravillosos (ese es un significado que vacía el contenido del término), sino que se dedican a mostrar algo, a formar un escenario de actores de la calle, que interpretan el papel que toca cada día; hoy tocaba leer libros.

He escuchado a alguien decir algo así como que el Dia del Libro «es perfecto para leer libros», y no he podido hacer más que echarme las manos a la cabeza.

No es porque sea malo dedicar un día a leer libros; no es porque crea que la lectura no merece reconocimiento; hasta ahí estamos de acuerdo. Se trata de la simpleza de una sentencia que implica tanto y tan gravemente: que tengamos un día dedicado a una actividad no significa más que negar toda obligación para con dicha actividad para el resto del año, incluso dar todo ese reconocimiento por concluido.
Si alguien se dedicara diariamente a alguna de esas actividades que reservamos para un día en concreto del año, sin duda acabaría guardando una amplia colección de malas opiniones.

Pero volvamos al Día del Libro, a ese día en el que hay que honrar la lectura; ¿acaso el resto de días no hay que hacerlo? ¿Debemos tomarlo como si se tratara de un suceso excepcional? ¿Nos inunda el espíritu de la lectura solo por un día, o lo hacemos por cumplir con un requisito estético?

Yo no tengo dudas: me repugna aquel que defiende de boquilla el Día del Libro; hacerlo no le convierte en defensor de la lectura, sino de una institución del espectáculo: los días festivos.
Un poco de conciencia sobre este asunto: vemos mal a quien se emborracha, pero el día de los borrachos es memorable; vemos mal a quien prefiere leer por gusto que estudiar o trabajar en lo útil, pero el día de la lectura es especial; vemos mal a quien se disfraza y hace locuras a diario, pero el día de los disfraces es alegre y divertido; vemos mal, o inconveniente, ser muy amoroso a diario, pero nos gusta mostrarnos felices en el día del amor.

No contentos con eso, nuestros días festivos son una suma de todo lo que no hemos hecho en un año. Quizá lo hagamos para mostrar justamente eso, lo que en todo el año no hemos hecho y nos gustaría; pero no nos engañemos: es un espectáculo; quien no lo hace a diario y luego lo interpreta solo hace ver que apoya a quien se compromete, ¿pero qué hacen ellos?

¿Es la vida algo más de lo que, por costumbre, practicamos?