"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

26 de enero de 2013

Una supuesta cita

Por referencia de un compañero, ayer me encontré de frente con la siguiente cita a Thoreau: "La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes son esclavos."

A primera vista alguien podría pensar que esta cita, aparentemente de Henry Thoreau, proviene de su ensayo Desobediencia civil, o Sobre el deber de la desobediencia civil, o un texto de temática similar; a continuación voy a explicar por qué no.

1º Como sabrá cualquiera que haya leído lo que he escrito en este blog sobre Thoreau, el ensayo originalmente publicado se titulaba Resistencia al gobierno civil. El término "desobediencia civil" no es solo posterior y ajeno a Thoreau, sino que en el mismo texto no aparece "desobediencia" más que en dos ocasiones. Resulta extraño, tras haber leído el texto y darse cuenta de esto, no recordar una cita así; ciertamente, no aparece.

2º En los textos de Thoreau suelen aparecer referencias a muchas cosas, saliéndose a veces del tema central y haciendo comentarios que poco o nada parecen tener que ver con aquello de lo que antes estaba tratando. Vuelvo a recalcar el parecen. Pero la cita no aparece en ningún otro texto, lo que me hizo sospechar de los diarios o la correspondencia (de una cita tan aleatoria, todo cabe esperar; dudo incluso que se le pueda llamar cita, ya que no cita de ningún sitio: en el 99% de las veces que he podido encontrarla, ha sido de esa forma tan súmamente inútil)

3º Finalmente, encontré algunas referencias a que esa cita procedía de su diario personal, sobre el año 1847. Sin embargo, la complicación fue mayor al coincidir que en la versión [descargable] que manejo del diario publicado de Thoreau (de Boston Mifflin & Co.) hay un agujero de 1847-1849 (años posteriores a su estancia en Walden, y que coinciden con la publicación de Resistencia al gobierno civil).

4º La extraña presencia de esa cita en lugares comunes y su ausencia en otros más especializados me hace dudar seriamente de la veracidad de la misma, y el hecho de hallarla en varios idiomas no reconforta mucho; suena a una de esas cosas que ya se han repetido y traducido demasiadas veces. Aunque no puedo afirmar rotundamente que sea falsa o equivocada, el hecho de que no la encuentre revela alguna evidencia al respecto, quizá no su inexistencia; por ahora, como si se tratara de Dios [y al contrario de lo que se hace], debemos afirmar que es una sucia mentira, y en secreto buscar evidencias.

21 de enero de 2013

Fábula del Pueblo y la Vieja

[Espero no ser demasiado sutil]

FÁBULA DEL PUEBLO Y LA VIEJA
Cuentan los ya ancianos, que tantos años han vivido y que antiguamente tiempos mejores conocieron, la historia de un gran pueblo digno de orgullo, bueno en deportes, comida y edificaciones, en el que los dirigentes eran honrados y decentes, nunca falsos ni mentirosos, o corruptos.
Un día entre sus dirigentes hubo una disputa; algunos hablaban de decadencia, otros de serenidad y esperanza, negando la evidencia. Los primeros vencieron con maestría en la dura batalla y enseguida instauraron su poder. A todos ilusionaron las palabras de su máximo representante: no eliminar libertades, ayudar a los conciudadanos, mejorar la situación de todos, nunca pretender su ignorancia, mucho menos dejar que enfermen, hasta llegar [felices] al esperado paraíso terrenal.
Pasó el tiempo y la profecía no se cumplía, pese a que los dirigentes aseguraban que estaban trabajando en ella. Un día llegó una anciana extranjera; decía conocer los problemas del pueblo, así como el remedio, y cómo alcanzarían el feliz objetivo; para ello, argumentaba, había que optar con firmeza y valentía por caminos difíciles y oscuros, no desistir en el empeño, no entretenerse en el camino, no confundirse, jamás perder el rumbo. La mujer quiso servir de guía para los dirigentes, que aceptaron enseguida la ayuda que les ofrecía, sin pedir antes confirmación ni consultar a los pueblerinos su opinión. Así fue como todo el pueblo, siguiendo el consejo de la anciana, se adentró en un extraño camino del bosque.
Conforme pasaban los días, y sin encontrar salida alguna, los dirigentes, agotados por la marcha, comenzaron a tener ideas para mejorar la convivencia en ese largo trayecto. A uno se le ocurrió que podría mejorar la educación de los jóvenes centrándola en temas básicos y prioritarios, por lo que eliminó todo lo que pudiera servir de entretenimiento o reflexión, pues pensar implicaba cuestionarse el camino; ésta no podía ser tarea de cualquiera, así que la educación acabó en manos expertas. A otro se le ocurrió que podría mejorar el servicio médico a los enfermos si algunas personas se encargaban de gestionar los recursos de que disponían; enseguida algunos se ofrecieron, demasiado interesados quizá. Alguien, también respecto a la salud de los pueblerinos, afirmó más tarde que era preferible curar a alguien bien que curarlo rápido, aunque tuvieran que llevarlos lejos; debido a esto a mucha gente nunca fue curada, puesto que no todos podían ser transportados. Otro dirigente se dio cuenta de que, debido al largo viaje que emprendían, necesitaban más de lo que habían previsto, por lo que pidió a los pueblerinos que otorgaran, por el bien del pueblo, una mayor parte de sus posesiones y alimentos; debido a esta exigencia, algunos habitantes no podían vivir cómodamente, algunos no podían siquiera malvivir, perdiendo sus cabañas y posesiones, y unos cuantos, por la desesperación, se suicidaron; aunque eran pocos, y a penas se les hizo caso.

Así pasó bastante tiempo este pueblo, que ya raras veces avanzaba por el camino; sus dirigentes preferían sentarse en un lugar tranquilo, rodeados por sus fieles seguidores, y contar historias de esperanza y felicidad. De vez en cuando también volvía la vieja extranjera, sobre todo para dar consejos y pedir algo a cambio; algunas veces incluso reclutaba pueblerinos para que trabajaran en sus campos, donde se decía que el jornal era mísero, pero el sistema para repartirlo novedoso.
Cierto era que algunos habitantes se quejaban, se unían bajo un himno y protestaban por la situación a la que los dirigentes les habían conducido; también algunos de éstos discutían con otros, se unían a los habitantes en su queja, como si fueran inocentes pueblerinos. Pero las protestas fueron duramente reprimidas, los dirigentes quitaron importancia a sus voces de forma cruel, pero efectiva.
También ocurrió que, tras muchos asaltos y asesinatos, llegado el día en que los problemas aumentaron y la incomodidad se hizo visible, los dirigentes permitieron eximir de culpa a todos los delincuentes, limpiar sus pecados y hacer que el pueblo olvidara sus delitos, a cambio de un pequeño pago, mínimo, como muestra de arrepentimiento. Casi al instante ocurrió que algunos dirigentes confesaron y fueron perdonados; uno de ellos había matado, robado y mentido, advirtiendo a los demás que no delinquieran, y por confesarlo en aquel momento le perdonaron todo lo que había hecho.

Esta historia que los ancianos contaban, que todavía cuentan, y que seguirán contando, con sus anécdotas y variaciones, quedó inconclusa. Nunca se supo más del pueblo, pues se dice que se perdió en el bosque, donde todavía sus habitantes, los que quedaron [los que no escaparon de allí cuando pudieron], escuchan a sus dirigentes, creyendo en la esperanza ofrecida por la vieja extranjera.

12 de enero de 2013

Los dos mundos

"[...] Dos mundos se confundían allí: de dos polos opuestos surgían el día y la noche.
Un mundo lo constituía la casa paterna; más estrictamente, se reducía a mis padres. Este mundo me resultaba muy familiar: se llamaba padre y madre, amor y severidad, ejemplo y colegio. A este mundo pertenecían un tenue resplandor, claridad y limpieza [...] En este mundo existían líneas rectas y los caminos que conducen al futuro, el deber y la culpa, los remordimientos y la confesión, el perdón y los buenos propósitos, el amor y el respeto, la Biblia y la sabiduría. Había que mantenerse dentro de este mundo para que la vida fuera clara, limpia, bella y ordenada.
El otro mundo, sin embargo, comenzaba en medio de nuestra propia casa y era totalmente diferente: olía de otra manera, hablaba de otra manera, prometía y exigía otras cosas. En este segundo mundo existían criadas y aprendices, historias de aparecidos y rumores escandalosos; todo un torrente multicolor de cosas terribles, atrayentes y enigmáticas, como el matadero y la cárcel, borrachos y mujeres chillonas [...] historias de robos, asesinatos y suicidios. Todas estas cosas eran hermosas y terribles, salvajes y crueles, nos rodeaban [...] Por todas partes brotaba y pululaba aquel mundo violento; por todas partes, excepto en nuestras habitaciones, donde estaban mi padre y mi madre. Y estaba bien que fuera así."


Habrá quien reconozca (y habrá quien no) estas primeras líneas de Hermann Hesse en Demian. A mí me marcaron hace tiempo a fuego un pensamiento un tanto diferente, si no presencialmente novedoso, al respecto de cierta dualidad en el formato de las inocentes [y no tan inocentes] vidas infantiles [y no tan infantiles] que en la actualidad se conserva, en cierta medida modificado respecto a lo que Hesse podía decir en su libro (aunque no podamos decir que sus obras estén ya desactualizadas, ni alejadas [un poco] de una realidad contemporánea).

"El pájaro rompe el cascarón.
El huevo es el mundo. Quien
quiere nacer tiene que romper
el mundo." Demian
Para Hesse, y para quien haya leído y recuerde Demian, estos dos mundos diferentes entran en conflicto, se mezclan de un modo peculiar y, si no resuelven su conflicto, se enredan en una eterna disputa. En el libro, el protagonista es un niño inocente, que vive en la parte buena y amable, en el mundo familiar, pero que se ve atraído inicialmente por el peligro y el tabú de lo malo, lo prohibido, lo criminal (lo que no resulta extraño); la pertenencia a un mundo y otro por igual, en principio, no parece ser un problema, pero enseguida vemos que ese tipo de vida dividida, que pretende aceptar dos mundos opuestos y moverse libremente entre ambos, trae desesperación. Hesse soluciona el problema de una forma que podríamos ver, resumidamente, de forma muy sencilla: debemos aceptar que lo malo es solo otra posibilidad ante lo bueno, otra situación del mundo, otra realidad que ciertamente ocurre y debe ocurrir para equilibrar la balanza; defender a capa y espada lo bueno o lo malo, o temer cualquiera de los dos, es un error que debemos evitar en nuestras vidas.

Actualmente, como ya he dicho, podemos conservar este formato dual entre lo que nos tranquiliza, lo que nos da serenidad, lo que nos hace ser buenos, y aquello extraño y difuso, por lo que a veces optamos, que nos trae una mezcla de peligro, de satisfacción, de provocación, de maldad [algunas veces más traviesa y otras más convencida]; aunque los escenarios cambien, seguimos encontrando aquello donde nos convence de nuestra bondad, que nos acepta y perdona, y otros tiempo momentos (algunos incluso mejores) en los que perfeccionar nuestra capacidad innata de desobediencia.

11 de enero de 2013

Mensaje póstumo de 2012

Veo que el año que me sigue empieza ya con malos momentos, miradas desentendidas y supuesta alegría; y aunque me gustaría que me explicaran la razón del festejo, creo que me resultaría incuestionablemente superfluo, imposible de compartir. Desgraciadamente, a diferencia de las hojas (que nos enseñan cómo morir), los hombres nos enseñan cómo vivir, y no resulta una buena enseñanza, sino más bien todo lo contrario: el preludio de la desesperación absurda.
Los veo festejar mi desaparición; no es así, pues más bien esperan, junto al moribundo, la llegada de algo nuevo, pedirle favores, hacer promesas y cambiar sus vidas a mejor. A fin de cuentas, olvidan que no somos más que espectadores de sus actos, meros observadores históricos.

Fd. 2012