"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

19 de diciembre de 2013

Elogio del Caminar [David Le Breton]

Caminar no es una mera abstracción [abstención, privación] del mundo; de hecho, es de primeras lo contrario a aquello que consideramos "externo" o "más allá" de las preocupaciones del mundo, de la realidad de nuestras vidas. El que camina se da cuenta enseguida [si se desprende de sus obsesiones y concepciones sociales] de que no se trata de olvidar sus responsabilidades, sino observarlas y repensarlas desde un punto de vista natural, animal, individual; caminar, y no hacer ejercicio [Walking, y no Footing], es desprenderse del yugo civil e intentar ser libre.
No se puede conseguir esto de cualquier forma; el acto de caminar lo permite porque supone un desplazamiento directo entre el mundo, ya sea en una ciudad o en plena Naturaleza: se trata de desplazarse por uno mismo atendiendo al camino que se recorre, que nos rodea, que incluso se puede tocar; ser uno con la naturaleza, siendo, a la vez, un individuo [observador, pensador].
Cuando se camina, no se piensa en las cosas que se ven; se interactúa con ellas, y se piensa a partir de ello en todo aquello que antes se daba por supuesto; se cuestionan los principios infalibles, rechazando lo que fuimos, partiendo desde cero, ahora sí, abstrayéndonos del mundo en que creíamos y volviendo a él como entes externos, incivilizados, que caminan intentando comprender dónde están y porqué.

Esto [fruto de reflexiones propias] no lo encontraréis en el libro de David Le Bretón.

Elogio del Caminar:

He de decir que Le Bretón tiene un estilo fresco, vivo, y en cierta medida gratificante, a la hora de hablar del acto de caminar; sin embargo, peca de superficial, dando la impresión de estar defendiendo un sentimentalismo, o un romanticismo con poca profundidad. Habla del caminar filosófico en la misma medida que de sus funciones físicas; expone de igual manera al caminante natural que al instrumentado; habla de vagar eternamente por la Naturaleza, como si fuera la cuestión principal; en su libro, los autores responden a sus preguntas, no hablan por sí mismos; renuncia a tomar una posición y a establecer unos criterios, aceptando una diversidad de aspectos del caminar que contradicen en ocasiones a sus palabras; no se compromete con el lector crítico; no nos ofrece una definición clara y precisa; pero, pese a todo, es un trabajo útil para considerar la cuestión: [aunque no se trate de un trabajo concienzudo] contiene una variedad amplia de consideraciones en torno al caminar, que difícilmente podemos pasar por alto.
El logro de su libro es unir en una misma reflexión a Thoreau y Bashô, Rousseau y Laurie Lee, Tanizaki y Paul Virilio; y muchos más. Si algo nos ofrece, es variedad de opinión; un trabajo muy recomendable para iniciarse en estos caminos.

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