"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

20 de diciembre de 2012

Recuento pre-apocalíptico

Me doy la bienvenida de nuevo, como visitante extraño, a este blog, del que en los últimos tiempos rara vez sé algo; la razón de que vuelva es la misma por la que me voy, es decir, estos estudios de filosofía que tanto ocupan mi tiempo, especialmente [el ya conocido por estos lares] Thoreau. Evito con esto hablar de un tema que suscita más mi desprecio (como tema) que mi interés: la realidad política de España, en la que un gobierno en teoría democrático y comprometido con los problemas sociales, intentando sacar de la crisis a las familias, miente sin la más mínima preocupación en su campaña (demostrándolo al hacer lo directamente contrario a sus propuestas), se burla de los ciudadanos imponiendo despóticamente reformas que solo desforman los servicios sociales, y en general sustituyendo la imagen de horror que conocieron aquellos que se han suicidado a consecuencia de su mala (e injustamente impuesta) gestión por una cara de estúpido optimismo. Dan arcadas. Nunca uso afirmaciones tan breves, pero este asunto no tiene otra cara (y la que tiene no es poca); es una completa vergüenza que ese tal "señor" Rajoy (hacia el que no tengo ni necesito tener ningún tipo de respeto moral, ni cualquier otro tipo de respeto) aparezca en nuestros televisores (ya de por sí es despreciable) afirmando la bondad y éxito de todas sus decisiones en el gobierno. Dan arcadas.
Pero en cierto sentido tampoco quiero preocuparme: se supone que el viernes nos llega el tan temido y deseado apocalipsis; temido históricamente, deseado en la actualidad, pues ya tengamos ante nosotros cualquier destino cruel y horrible jamás imaginable, nada puede ser peor que verse obligado a soportar, o simplemente a conocer, los actos de esta estafa democrática. Mi visión pre-apocalíptica es que el final del mundo será (si es que es) una salvación para la conciencia humana.

Pero no eran estos temas lo que me traían aquí, y siento que me desvío; y más que sentirlo, de hecho, me desvío. Pero yo venía a tratar un libro que hoy me ha interesado, hasta que he llegado a la parte que me importaba. Se trataba de un estudio del progreso de la filosofía en Estados Unidos, desde la llegada de los colonos hasta la época del autor (1940-1950), a fin de dar una visión histórica y didáctica de los filósofos y escuelas filosóficas estadounidenses. El título no dejaba lugar a dudas: Filósofos y escuelas filosóficas en los Estados Unidos de América, de Joseph L. Blau. Por cierto, estando en este asunto recuerdo lo que dijo un compañero en su blog, "el libro se titula Filosofía y ciencia en Hipatia pero, siendo sincero, no habla ni de lo uno ni de lo otro"; ésta es la cara opuesta, ya que en su contenido, a decir verdad, no se trata absolutamente nada más.

Aunque es una exposición bastante completa, y en cierta medida detallada, del progreso del pensamiento [filosófico] en los Estados Unidos, resulta inquietante (como mínimo) el hecho de que, para algunas ideas, o incluso para algunos autores, utilice unas concepciones demasiado generales. Podemos concluir tras su lectura que, más allá de ser un estudio sobre historia de la filosofía, no es un estudio filosófico de la misma. El problema concreto del apartado sobre Henry Thoreau reside en que, contrariamente a lo que se entiende al leer con detenimiento Desobediencia Civil (de la que solo hay que leer la primera página para entender a lo que me refiero), califica a Thoreau de anarquista; por contra, al mismo tiempo, admite que también propone otro tipo de gobierno, en lugar de ninguno (lo que no es anarquista). Si nos paramos a leer el texto en cuestión, encontraremos que ya al principio Thoreau acepta que el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto, pero critica a quienes defienden la ausencia total del mismo, es decir, a los anarquistas. Quizá la razón de esta incoherencia por parte de Blau sea que durante todo el libro no se trata ni una sola vez el desarrollo del anarquismo [propiamente] estadounidense, que se basa en muchos casos en un liberalismo llevado a términos anarquistas, y que ha derivado en la concepción del anarco-capitalismo, ya por el siglo XX. No es de extrañar, teniendo en cuenta que Blau no habla del anarquismo, que no sepa diferenciarlo de otros pensamientos, o que ni siquiera localice una oposición al mismo. Usa, así, una concepción de "anarquismo" demasiado amplia, y exterior a Estados Unidos, en contra de la intención original de su libro que, como él mismo explica, intenta exponer autores y pensamientos solo en el ámbito norteamericano. Por lo tanto, concluyo: Thoreau no es anarquista, pese a que la opinión general, y poco entendida, afirme ingenuamente lo contrario [a lo que el propio Thoreau expone en su obra]. Si entendiéramos de forma correcta Desobediencia Civil, nos daríamos cuenta de que el objetivo no es criticar la existencia de un gobierno al que hay que desobedecer (ni siquiera habla de desobediencia, pues ese título es póstumo), sino defender un tipo de gobierno en el que no se obligue al ciudadano a nada (en otras palabras, en el que no tenga sentido desobedecer, puesto que no hay nada a lo que obedecer necesariamente).

Estudio científico maya que detalla
de forma precisa y con pruebas concluyentes
cuándo será el fin del mundo
Y como ya decía antes, esperemos pues que tras este apocalípsis, uno de tantos pese a la gran autoridad científica maya, no tengamos que obedecer ni desobedecer a nadie, y tengamos un gobierno que no gobierne, puesto que ya no es un mal menor, sino un mal incontrolable. Predicaré como buen dogmático: el apocalipsis será nuestro mal menor, el único que puede librarnos de la opresión y el juego impuesto de la obediencia, ya sea, siguiendo la distinción emersoniana, natural o artístico. Ya de paso, librarnos también de las concepciones anarquistas de Thoreau.