"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

4 de julio de 2012

Dar una caminata

"Nuestras expediciones consisten sólo en dar una vuelta, y al atardecer volvemos otra vez al lugar familiar del que salimos, donde tenemos el corazón. La mitad del camino no es otra cosa que desandar lo andado. Tal vez tuviéramos que prolongar el más breve de los paseos, con imperecedero espíritu de aventura, para no volver nunca, dispuestos a que sólo regresasen a nuestros afligidos reinos, como reliquias, nuestros corazones embalsamados. Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, hermano y hermana, esposa, hijo y amigos, y a no volver a verlos nunca; si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata." (Thoreau, Caminar)

Siento que hace tiempo ya perdí todo lo que me unía a la vida común, que poco me importa un asunto u otro de los que preocupa al vulgo, que si tengo que descansar, descanso, si tengo que comer, como, si tengo que irme, me voy, si tengo que escribir, escribo, y si tengo que correr, vuelvo a meditar con más calma que antes. Sigo teniendo, por costumbre, un lugar al que volver, aunque a veces no tenga claro cuál es la razón que me debe obligar a ello; la comprendo, mas no la comparto. Poco tengo que hacer si me propongo vivir como el resto, si no me comprometo más que a lo que me comprometen, si no me cuestiono aquello que se presupone.
Si no fuera, cuando hallo mi momento sin preocupaciones, vagabundo o caminante, la costumbre absorbería todo lo que me queda de humano y lo trituraría para hacer con los restos la masa con que moldear la estatua esclavizada de mi civilizada preocupación.

La mitad del camino no es otra cosa que desandar lo andado.
Salir "a dar una vuelta" es salir para volver; siento no estar de acuerdo aquí con Thoreau: más de la mitad del camino consiste en desandar lo andado. Antes de dar la vuelta ya hemos pensado en dar la vuelta, incluso mucho antes de llegar al final de la ida teníamos previsto el camino a seguir a fin de volver, hay incluso quien va dejando pistas para no perderse; quien mira atrás en el camino, nunca ha salido de casa.
A mí, generalmente, nunca me ha dado miedo perderme, dar dos, tres, cuatro vueltas, tomar el camino equivocado a la espera de que aparezca el correcto, a base de caminar. ¿Cuál es mi objetivo? A veces se me olvida; no busco llegar ni volver, sino trazar lo que hay en medio, retratar cuanto sea posible de mí en el paisaje y del paisaje en mí.


[16 de Junio de 2012]
A UNA ROCA
¿Qué ves, roca?
Testigo mudo del paso del tiempo; vieja amiga del aire y la lluvia, que en ti marca han dejado.
¿Tienes frío o calor? ¿Sientes tu propio peso? La experiencia te ha hecho dura, resistente, a su manera.
Solo tu presencia delata que existes, que has estado ahí, que no eres casual, que en ti no hay más que verdad; una verdad que se compone por la descomposición que de ti se ha apoderado, de tu constancia, del sufrimiento de tus años, de los cortes en tu piel, de cada instante en que se te contempla.

A UNA CASA VIEJA
Casa en ruinas junto al mar, cerca de Can Pastilla (Mallorca)
Casa vieja, derruida, ya no existes para nadie; desapareció, se fue como con el viento, lo que te unía a los hombres. Solo algún caminante extraviado, que te observe, que encuentre tu soledad, es capaz de entender la tristeza de tu abandono y la grandiosidad de tu existencia.
Mantente en pie [alguna de tus paredes] o déjate caer; nadie te recoge; quedarán tus piedras como monumento a la vida, al paso inevitable del tiempo, a la vejez; a la caducidad de la labor humana.

MIENTRAS TANTO
El perro olfateando la tierra, la hormiga cargando varias veces su peso, el pájaro cantando, el árbol moviendo sus ramas al ritmo del viento, la piedra cayendo por una pendiente, yo escribiendo.

2 de julio de 2012

Orgulloso de ser español

El orgullo de ser español es un sentimiento que he de admitir meramente como existente; en mi experiencia interna, sin embargo, lo desconozco, pero me veo obligado a creer en él por la gran cantidad de personas que a mi alrededor parecen sentirlo. Creo, además, profundamente, que este sentimiento es propiamente facha; es lo que pretendo exponer.

Empiezo por razones de actualidad: quien se siente orgulloso de ser español, sin excepciones en lo que denomina "español", frente a la situación económica, política y social actual, puede estar afirmando dos cosas:
(1) Que en su idea de "español" la actualidad es lo de menos, que la situación actual no le importa, porque ser español es más que eso; por lo tanto, está viviendo una irrealidad, está sumergido en una fantasía que lo lleva a creer en el "español de antaño" (que ya no existe) como figura a venerar. No es más que un facha que recuerda "lo bien que se vivía con Franco".
(2) Que todos los problemas actuales de los españoles no son para tanto, y que se van a solucionar ganando la Eurocopa o el Mundial de fútbol y dejando mientras a Rajoy como un niño en una tienda de golosinas, con papá banquero y mamá Merkel, por supuesto. Esto, igualmente, es, ya no ignorancia, sino desinterés, un desinterés que nos conduce a dejar en manos de la derecha y del dinero toda la moral; a un fascismo.

Imagino, sin embargo, que podemos defender cierto orgullo por ser español de la siguiente forma:
Cualquiera, por muy imbécil que sea, puede berrear algún verso [con intuida tonalidad] que remarque su procedencia, pero un español de verdad se siente orgulloso por vivir en un lugar que durante la historia ha albergando a tantos pueblos, desde antes de la llegada de los romanos, y que fue poblada posteriormente, durante casi ocho siglos, y en beneficio de las gentes que quedaron aquí, por el pueblo musulmán: Al-Ándalus.
Otra razón es la fantástica gastronomía que se ha desarrollado en la península, una dieta mediterránea que, junto al clima, resulta de lo más saludable para quien la siga. Seguirla es muestra de orgullo.

Bueno, son dos argumentos pro-orgullo que he improvisado, pero son de los pocos aceptables (junto a otros que sigan esa linea, cultural especialmente). No tienen, sin embargo, mucha relación con el orgullo que dicen sentir los que vitorean y sienten la necesidad de afirmarse como españoles.
Hay que tener presente que pretender que el foco de vítores sea otro distinto a éste (que sea la perpetuidad de una supuesta especie primigenia, o una religiosa devoción por uno de los pueblos habitantes y no los otros) es mera estupidez, una banalidad, incluso una falsedad a la hora de hablar de qué somos: demuestra ignorancia. Y partiendo de aquí, ni que decir tiene que la mayor parte de los que hablan del "orgullo de ser español" no miran más que a lo que son ahora, y no tienen en cuenta, cuando hablan de ello, la cultura que les precedió. Su concepto de "español" está fijado en algo abstracto, inexistente, al margen de la cultura musulmana, o de cualquier cultura exterior a la ibérica, cuando la cultura ibérica está fundamentada en culturas exteriores. ¡Somos extranjeros en lo que ellos llaman "su país", en lo que afirman "de los españoles", pues no existen dichos españoles y nunca existieron!
Nosotros, habitantes, podemos denominarnos por el nombre que nos venga en gana; lo importante de un nombre es su explicación, su fundamento, su razón de ser, que se sepa lo que se defiende. Cuando encontramos a alguno de los que, orgulloso de lo que es, porta con él mismo [como muestra en una camiseta] la conciencia de su mestizaje, comprendemos que tiene una [gran] razón cultural para admitir estar orgulloso. El que grita ante una pantalla, viendo un partido, que está orgulloso de ser español, o que España es la mejor, porque unos tíos ganan a un juego con una pelota, es el lamentable desastre [el gran fracaso] de la humanidad. Los que creen que ser de un país es afirmarse como seguidor de una bandera, de un himno, de unos representantes (deportistas, músicos, de la realeza), son la ignorante masa que apoya al fascismo.
Yo no negaré que soy español, y obviamente no soy anti-español; lo que yo entiendo por "España" no necesita más bandera que la piel de los habitantes, ya nazcan aquí o sean inmigrantes [convertidos para mí en legales solamente por llegar], no tiene más himno que sus voces, y ningún otro representante que yo mismo, o cualquiera de ellos.

A todos los que estos días habéis estado animando como auténticos burros, como imbéciles descerebrados por un deporte, por unos deportistas que van a ganar un dineral del que no os vais a beneficiar, a todos los que seguís todavía hoy animando [no sé a quién, quizá entrenándoos para la siguiente ocasión], os digo: ser español no implica necesariamente tener que hacer el gilipollas.