"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

31 de mayo de 2012

Leer por leer

Es extraño encontrar a alguien que lea por leer; pocos leen por leer, suelen tener una razón palpable, ya sean por estudios o un deseo puntual e insaciable de información [que haya sido ya vaticinada]. Repito, que casi nadie lee por leer [aunque yo conozca a muchos que si, sé igualmente por experiencia que no es lo habitual]. Hoy mismo, y unos días atrás, me estoy dedicando a leer a Whitman; mi lectura va destinada a dar una imagen suya (que publicaré mañana) en este blog, pero en última instancia lo leo por leer, me intereso en partes que poco o nada voy a usar, analizo conceptos. Uno se da cuenta, cuando arranca un libro de la enmarañada biblioteca y se lo encuentra trabajado, escrito a lápiz, señalando ideas importantes o añadiendo notas al pie, para qué se ha usado el libro; he de decir que, desgraciadamente, nadie ha dejado muestra alguna de leer este libro por leer, por gusto, por él mismo, más allá de usarlo para algún trabajo, señalando lo que quería (en el índice) y estudiando, realmente, muy pocas cosas de él; y me doy cuenta especialmente en algunas partes, interesantes como las que más, que carecen de esas marcas de guerra.

Me quedo sin palabras a veces cuando, fuera de esa otra dimensión que es la Facultad de Filosofía, alguien se extraña de que lea por leer, de que exista un gusto en quedarse sentado junto a un árbol, en una plaza, leyendo, sin esperar de esa lectura nada más que eso mismo: lectura y placer. No es lo mismo esto que buscar, en situación puntual, información o conocimientos; esto y aquello son producto del incansable interés humano, pero lo segundo adquiere como premisa que ciertas cosas nos son útiles, mientras que lo primero [mi defensa] adquiere un tono tan amplio que, al considerarlo todo útil, ve la utilidad como un absurdo, y la búsqueda de la utilidad como una inutilidad.

Al margen de la importancia de unos u otros autores, de unos u otros libros, hay que saber apreciar la bondad de toda lectura, sea cual sea su origen y objetivo. Simplemente [leer por leer] es la más beneficiosa de las actitudes, prólogo de un pensamiento complejo y de una vida adecuada.

25 de mayo de 2012

Un mago cada viernes

Otro viernes más, y otra agonía ("ya tengo pánico a estos viernes apocalípticos", dice Francisco Jarauta); no podemos estar esperando cada semana con la misma emoción que antes, cuando todos, trabajadores y estudiantes, e incluso gandules, esperaban impacientes al viernes, al fin de semana, para salir, disfrutar, relajarse de los días laborales... ahora esperanzarse en el viernes es echar a perder la felicidad, tirarse al vacío de la desesperación y el filo de las tijeras. Si, hablo de los recortes, de los Consejos de Ministros peperos, que van a decidir, si no les gustan los números de la semana, qué edificio queman, qué estudiante se sienta en el suelo, qué trabajador se sube al tripalium y qué banco se lleva 15.000 millones del dinero público.

Walt Whitman
No voy a explayarme más de lo debido: vamos hacia Mordor; nuestro futuro, a este paso, es ser orcos, nacidos de la pobreza más inmunda, sin educación ni conocimientos más que para trabajar como ganado, para cumplir un único objetivo: satisfacer al gobernante [supuesto representante democrático]. La solución que nos queda, ya estemos luchando o seamos tranquilos hobbits, es tener una idea que seguir, que no nos proporcione radicalidad, sino sabiduría y reflexión; un mago, misterioso a la vez que oportuno, de la vida real (ninguno vivo, ante el riesgo de la idealización del hombre en lugar de las ideas). Emerson, Thoreau, Nietzsche, Sade, Maquiavelo, Sartre, Sócrates... para mí, el más adecuado es Whitman. Pero sea cual sea, acudamos a un mago cada viernes.

17 de mayo de 2012

A toda costa, currículum

Creo que ayer no vi en la manifestación universitaria a mucha gente que debería haber ido, a quien afecta directamente el Decreto-ley 14/2012, y por quien estaba convocada la huelga de ayer, por la que no fueron a clase; no sé si se habían preguntado por la razón de la no-asistencia. La manifestación es lo de menos, se trata de la parte visible y mediática; lo importante es estar informado, hacer huelga, encierros, llevar a cabo acciones visibles pero bien pensadas, informativas, y no solo de libertad publicitaria para sindicatos y republicanos, que siempre abundan en toda manifestación, aunque no tengan nada que ver con lo que se pide (especialmente las banderas republicanas).

Pero más allá de hacer movilizaciones, siempre hemos de tener en cuenta los valores que perseguimos; no exigimos tasas más bajas (en todo caso estables), o el mantenimiento de la autonomía de la universidad, por ser vagos, gente con pocas ganas de estudiar que pretenden vivir del "chollo" de la universidad; es la imagen que se da desde la derecha. Lo que se pide es una facilidad para acceder a una buena educación por la necesidad misma de tener una educación, y cuanto mayor mejor. Si finalmente nos quitan, o nos recortan u obstaculizan, la educación, buscaremos la forma de organizarnos para tener educación gratuita, para que profesores y especialistas se presten a enseñar al margen de la estafa "pública". Si obtenemos una educación tan buena o mejor que la que nos recortan, y no nos quieren permitir obtener un título pese a ello, tendremos que cuestionarnos hasta qué punto veneramos esos títulos, y si es preferible currículum o conocimiento y libertad. Si queremos a toda costa, como muchos parecen querer ahora, currículum, estamos perdidos en cuanto a futuro.

En definitiva, no podemos esperar a que esto se solucione solo, o lo solucionen los demás; en todo caso, podemos esperar a que el euro nos reviente en la cara, pero nunca sentados, más que para estudiar.

14 de mayo de 2012

Esperanzas y desesperanzas

Algo está pasando, hay algo que no me cuadra, que se muestra distante, efímero, como si comiera con demasiada hambre, o bebiera con demasiada sed... me levanto por las mañanas y no lo consigo percibir, parece que el mundo sigue girando, o eso creo, pues no parece ni que gire, solo que sigue como antes, como siempre, sin inmutarse, sin milagros, eternamente inerte, existente y capaz de dar cobijo a quien no va en busca de la muerte. Pero es una sensación momentánea, no corresponde a la vida, no corresponde a la realidad; se muestra como una esperanza, pero una esperanza ya seca, difusa, a kilómetros, imposible de definir, imposible de alcanzar en un desierto interior; me invade, sin embargo, una sensación cercana de bochorno, de oscuridad, de una humedad penetrante, como si con solo vestirme toda mi ropa se mojara, se quedara pegada al cuerpo, sin dejar casi respiración, agobiando. Ambas sensaciones se unen en la misma realidad, dando lugar a una angustia, un sentimiento de estupidez, de absurdo, que genera, junto al malestar general, la enfermedad que todo individuo en la actualidad puede, con un poco de esfuerzo, captar y sufrir. Si, es la enfermedad actual, es la que nos proporciona debilidad ante los abusos del poder; más que del poder, de aquellos que se consideran poderosos; más que de los poderosos, de aquellos a quienes permitimos serlo, por la misma enfermedad o los males que la anticipan. Soledad dentro de una sociedad de individuos generalizados que acompaña en una comunidad domesticada y destinada a domesticar, a castrar, a cortar las raíces y atar cuerdas, aparatos dentales, a quien se desvía de la linea recta, matemática, del nuevo orden mundial.
Es, al mismo tiempo, lo que nos posibilita a pensar cómo salir de nuestra situación, cómo enfrentarnos a la realidad, que nos da la llave, nos muestra el final del túnel, nos empuja y sugiere rebelión. Pero todo ello es inútil si no queremos recapacitar, si nos contentamos con revolvernos en nuestro sufrimiento, aceptarlo o salir, si acaso, de él, alejándonos y encerrándonos en un mundo de superflua felicidad, de mentiras, en el que falta tanto conocimiento como pensamiento e intención de conocer. No podemos, sin esa actitud básica, llegar a ser absolutamente nada. Solo nos regodearemos en nuestra autoculpable minoría de edad, en nuestra falsa concepción de un mundo hecho solo para lo humano, un lugar repleto de trabajo absurdo que solo busca perpetuar una sociedad infantil, vuelta del revés, que pretende legalizar el universo, legalizar individuos, legalizar actitudes, legalizar pensamientos... ilegalizar una vida que no sea útil para la expansión social. Pero estamos cansados de la expansión, no nos conduce a ninguna parte, no nos aporta más que necesidades, más que excusas para procrear, generar trabajos, generar explotaciones, alargar las vidas, revivir a moribundos, y llenar el suelo de lápidas en memoria de todos aquellos que dieron su vida para que nosotros podamos morir en paz.

Siempre la misma sensación... sociedad, una comunidad empapada en masa; gente esperando, o desesperando, la muerte; masacres de conciencia. Siempre la misma sensación de distancia, de esperanza homicida; siempre la misma sensación absurda en vidas repetitivas.

13 de mayo de 2012

Cosas salvajes y libres

Un poco de reflexión sobre la actualidad... [hay que pedir conciencia de lo que ocurre]

En esta [antiguamente] nueva situación de recortes, de desigualdad creciente, por parte de un gobierno que no defiende los derechos del pueblo, que considera la participación política como sumisión a la represión incipiente, no podemos sino preguntarnos, ¿hasta dónde vamos a llegar?, ¿tenemos un valor absoluto que seguir, que no podamos dejar de lado?; es decir, ¿qué estaríamos dispuestos a hacer para defender nuestros valores? Es lo principal, definir los límites de nuestra moral, para realizar en lo posible acciones contundentes. ¿Preferimos acciones no-violentas, o quemar escaparates? Hasta ahora nos ha quedado claro que preferimos lo primero, que no hay necesidad de destruir, de llamar a las armas, pero quizás un poquito de follón no estaría mal.
En otros países, como Inglaterra, Francia, Grecia, encontramos acciones muy contundentes, rápidas, que generan respuestas automáticas: los políticos no pueden contener a los manifestantes. A nosotros nos gusta la calma, parece que hemos salido poco a poco a la superficie, que estamos todavía convenciendo, porque no hay suficientes convencidos (¿cómo coño que no estamos convencidos?); parece que es una moda quejarse, pero solo es eso, una moda, y cuando llega lo importante todos se echan atrás. Hemos decidido no hacer nada violento, nos hemos organizado para crear presión, resistencia pacífica; ahora también es ilegal, es violento, es terrorista. Somos terroristas cuando pretendemos defender nuestros derechos. Habrá que redefinir lo que es la delincuencia, pues si lo es para ellos, si nos denominan terroristas, vándalos, delincuentes, "malos españoles", aceptemos eso, aceptemos nuestra situación y machaquemos, si es el caso, bajo la nueva consigna. Y reitero lo que anteriormente dije: ¿qué estaríamos dispuestos a hacer para defender nuestros valores, nuestra libertad, nuestra educación, nuestra sanidad, todas nuestras necesidades, nuestra vida?
¿Queremos todavía un gobierno?, ¿vamos a seguir otorgándoles el poder? Debemos tener en cuenta una cosa, y es que si el Estado tiene poder, no es poder suyo, sino poder ofrecido por los ciudadanos, cuya conciencia nos anima a creer en esa autoridad. No existe ninguna fuerza natural que se la otorgue. Para vencer, lo primero es darnos cuenta de que ellos no tienen autoridad, si nosotros no queremos, sobre lo que nos es o no nos es legal, que no podemos estar a merced de abusones, de falsos líderes, de irrepresentantes.
Si "cada viernes continuarán las reformas", cada día continuarán las protestas, las negativas, la resistencia; las acciones contundentes, salvajes y libres; pues "todas las cosas buenas son salvajes y libres" (Thoreau, Caminar)

2 de mayo de 2012

La sociedad del "gracias"

Quiero exponer hoy una idea que me ronda desde hace tiempo, culpa de Marvin Harris [Jefes, cabecillas, abusones]:
Hemos sido mal educados en cuanto a nuestras relaciones sociales: es adecuado que ayudemos a quienes, obviamente, sea preciso, que nos ofrezcamos sin esperar a cambio más que la propia reciprocidad presente intencionalmente; todo ello es provechoso, es favorable para la convivencia. Sin embargo, vuelvo sobre lo anterior; hemos sido mal educados en cuanto a nuestras relaciones sociales.
Me refiero al agradecimiento, a las ganas desbordantes de mostrar nuestra alegría, sorpresa y gratitud a los demás (¡qué insulto a quien, por hábito, solo pretende hacer un bien!); suponen que es una acción puntual, no cotidiana ni normal en el comportamiento de quien la lleva a cabo; sienten la necesidad de compensar con bonitas palabras y júbilo por una acción sin precedentes, que parecía no deber o no poder suceder; es un insulto para el individuo, así como para el conjunto de una sociedad de la que no se espera [y que, con esto, no parece proporcionar] reciprocidad.
Cuando agradecemos algo a alguien, le estamos diciendo, no solo que nos alegran y benefician sus actos, sino que nos sorprende el recibirlos, pues es algo generoso y de gran valor; nos sirve también de consolación y excusa contra la reciprocidad. El agradecer es una obsesión, algo de "buenos modales", que nos enseñan como principio indiscutible. Nos enseñan a agradecer aunque sea falsamente; nos enseñan a estar agradecidos eternamente (¡eternamente! Como si fuera poca ofensa de por sí, lo es también para siempre; se potencia al infinito la [des]gracia, la incoherencia, la irrespetuosidad), haciendo de este modo una sociedad de "por favor" y "gracias", de individuos que se jactan cuando se les agradece y se ofenden cuando no, dejando de lado el ideal de reciprocidad y llevándonos a una vida de ruegos y abrazos de desesperada cordialidad.