"...el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida." J.P. Sartre, El existencialismo es un humanismo

"Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción." A. Camus, El mito de Sísifo

"Una minoría no tiene ningún poder mientras se aviene a la voluntad de la mayoría: en ese caso ni siquiera es una minoría." H.D. Thoreau, Desobediencia civil

28 de febrero de 2012

Sobre altruismo y altruistas

Hay dos concepciones del altruismo: la original, que lo entiende como un acto meramente para los demás, mientras que la más típica cree en el altruismo como la voluntad de hacer algo sin pretender compensación. La primera es cierta, pese a que se suele añadir que, al querer el bien de los demás, se renuncia al propio: esto no tiene por qué ser así, incluso es cuestionable esa concepción del "bien propio", pues la característica básica del altruismo, del francés antiguo antrui: "de los otros", es el ofrecerse al bien ajeno, y no al propio, o no en exclusiva, haciendo cosas para beneficio de los demás.
Lo que voy a demostrar (ya que siempre tengo que meterme con algo en este blog) es que la segunda concepción es pura demencia de quien no comprende el por qué de la actuación humana, o incluso la propia naturaleza del ser humano.

Ese altruista, individuo que se ofrece a los demás sin querer compensaciones por ello, tiene dos justificaciones, y no más: por un lado, es posible que dicho individuo no considere que los bienes que puedan ofrecerle a cambio le sean necesarios o justamente entregados; por otro, el individuo actuaría pasivamente, permitiendo al resto, de tal forma que su bondad reside en el consentimiento y la innecesidad de interacción. Las dos son mentira. Voy a explicar esto más detenidamente:

Aquel individuo que considera que sus actos no merecen bienes, que desecha la recompensa, merecería en principio ser llamado, bajo la concepción que estamos manejando, altruista. Sin embargo, un sentido más amplio de esta misma concepción nos revelaría que no nos basta con que el individuo no quiera que le den algo a cambio, sino que directamente no debería ni sentir satisfacción por lo que hace: pues la satisfacción sería para él un bien, un sentimiento agradable que fundamenta sus actos y le sirve de recompensa. Así, no podemos aceptar que alguien diga ser altruista en ese sentido si disfruta o se siente bien con ello, pues caería en contradicción. En otras palabras: cualquiera que crea en la bondad de la caridad, en la felicidad de una vida dedicada a hacer feliz a los demás, no puede decir que no recibe compensación, no puede ser llamado altruista, en este sentido.
Pero alguien fácilmente podría criticarme esto último, y decir que, en verdad, habrá gente que actúe sin sentir un bien para él, sin sentirse feliz por ello. ¡Quién sabe, hay gente para todo! Estaríamos hablando de aquellos que antes he descrito como pasivos. Un individuo pasivo causaría un bien a los demás sin recibir un bien a cambio, debido a su condición tolerante y permisiva. Para no andarme por las ramas (característica de ser buen primate), lo diré todo lo claro que pueda: cuando el individuo permite al resto hacer, cuando no solo ofrece, sino que directamente no pone límites ni fronteras de caridad, porque su propia actitud le lleva a no pretender el mal a nadie y dejar acceder a quien quiera a un bien, ¡ese puede llamarse altruista! Es el altruismo que la concepción típica expone, o parece serlo. ¿Es de verdad un altruismo? No solo no trata la posibilidad de recibir nada a cambio (pues no considera la opción, al ser los demás quien se sirven), sino que ni siquiera da algo, ¡no actúa!


Resumen de toda esta maraña: Toda acción tiene una respuesta, buena o mala; si es buena, uno se siente bien, satisfecho, por lo que obtiene una recompensa al realizar dicha acción, y no puede considerarse altruista; si es mala, no solo no es altruista, sino que no realiza esa acción, puesto que nadie considera que esté haciendo algo bueno si la respuesta que observa es mala e insatisfactoria, por lo que no la considera adecuada para los demás ni para él mismo. Quien no obtenga una respuesta sería verdaderamente altruista, pero eso significaría que no actúa, que directamente permite, es decir, que hace un bien a los demás pasivamente.

Si nos ceñimos ahora al sentido original del altruismo, nos damos cuenta de que el recibir o no algo a cambio es indiferente: lo mismo da que le den a uno dinero o regalos materiales, o que obtenga satisfacción personal, puesto que lo importante en el altruismo es la voluntad de hacer algo por los demás, simple y llanamente. Mientras que uno siga la máxima de ayudar a los demás, lo que menos le importa es el beneficio que obtenga, pues éste solo será un medio, una ayuda o una cierta compensación a cambio del bien que hace.

24 de febrero de 2012

PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS

Es increíble cómo ha evolucionado la sociedad en los últimos setenta años: desde la aparición de los primeros televisores, la tecnología ha sufrido un cambio tan radical que, en cuestión de menos de un siglo, estamos rodeados de ordenadores personales, móviles, y pantallas de todo tipo. Hemos llevado, sin dudar, nuestra vida a la pantalla; nuestras imágenes, libros, películas, incluso música: todo es visible en la pantalla.

PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS

La publicidad siempre ha tenido su fuerte en la imagen, en lo visual, pero con el tiempo la pantalla nos ha alienado, de tal forma que somos seres aborregados, con su opinión puesta en lo que ven, con su intención fuera de sí, con su sentimiento dependiente de la pantalla. No solo nos gusta que nos muestre cosas, no solo esperamos que nos muestre más, sino que su dinamismo nos engancha de tal modo que no podemos dejar de observar, esperando que nos dé más y más.

PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS

Porque ya todos tenemos pantallas; no podemos eludir esa realidad. Ya sea el ordenador, el móvil, la PDA, o el simple televisor de plasma, en todas partes hallamos pantallas; imágenes dinámicas, letras coloridas, mensajes luminosos y sonoros que nos atraen como si nos hipnotizaran. No nos hace falta recurrir a hipnosapo para convertirnos en imbéciles descerebrados.

PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS

Es casi una orden, un mandato, una muestra de autoridad. ¿Somos los consumidores, o los consumidos? ¡La intriga nos corrompe! Porque no nos engañemos: son profesionales del vicio, estudian para ello, nos interrogan en estudios sociológicos para descubrir qué es lo que más puede engancharnos, lo que más nos fascina, lo que nos mueve a dejar nuestra vida para dedicarnos a la pantalla; y lo consiguen.

23 de febrero de 2012

El enemigo...

...que nos contraria y nos desea el mal, e incluso nos lo causa. Nos enfrentamos ese enemigo, al que nos oponemos con finalidades paralelas, al que discutimos en las causas de su movimiento y al que pretendemos imponer un hecho diferente al suyo, en el mismo nivel de actuación. Cuando vemos a ese enemigo, que ha declarado sus ideales contra los nuestros, y por ello nos enemistamos, lo reconocemos como nuestro contrario inmediato, como un rival digno de rivalizar, puesto que lleva su acción a cabo, en conjunto, con el fin de lograr lo contrario a aquello que nosotros queremos. Y cuando él es nuestro enemigo, nosotros somos el suyo; no hay más.

¿Quién es el enemigo de la policía? ¡Aquél que actúe clara y distintamente, mostrándolo así, contra la policía! Por el contrario, cualquiera que no actúe pretendiendo el mal para la policía, cuya finalidad no sea la destrucción deliberada de la misma, no será su enemigo. Quizás sea enemigo del Estado, y por ello acuda la policía en su defensa; quizás sea enemigo de empresas; quizás sea enemigo de ideales o de utopías. ¡En ninguno de estos casos son enemigos de la policía! Solo lo es aquel que se manifiesta contra la policía.

¿Cómo puede ser, entonces, enemigos de la policía aquellos manifestantes por una buena educación? Sean o no legales. ¿Quién cojones es el jefe de policía para afirmar que sus enemigos son los niños de primaria, los manifestantes por una mejora educativa? ¡EN TODO CASO, SI ÉL ESTUVIERA EN CONTRA DE UNA MEJOR EDUCACIÓN! Pero, pese a ello, ¿cómo permitir que lo manifieste de ese modo, como jefe de policía? ¡Menuda corrupción!

En definitiva, afirmaciones que no pueden sostenerse, y cuya justificación caería en absurdo y degeneración. Es una insinceridad, corrupción, pero sobre todo estupidez.


10 de febrero de 2012

"El fin no justifica los medios"

Ante la sanción a Garzón, es curioso, y hasta cierto punto divertido, observar las reacciones variadas de nuestros políticos. Por un lado, la reciente oposición del PSOE ha cogido fuerza y se ha atrevido a decir lo que todos estábamos pensando, por otro, CiU expresa su respeto, aunque crítico en cierto punto; finalmente nos encontramos con una decisión casi unánime por parte del gobierno del PP: sobre cosas de la justicia, en política no hablamos. La última afirmación es la más consecuente con el cargo político, es decir, una persona en representación de un cargo político, no puede inmiscuirse, o no debe, en los asuntos que decida la justicia, pero ante la visión general del asunto no podemos evitar ver un residuo de felicidad en sus caras, o por lo menos en algunas, y aunque Gallardón sea tan considerado como para no dar su opinión y quedar, elegantemente, en un punto neutro, a la señora Aguirre no le enseñaron esos deberes políticos mínimos en una democracia que defiende la separación de poderes. Y es que no solo muestra su opinión, sino que lo hace en la Asamblea de Madrid, sin ninguna preocupación.

La cuestión no es que le guste o que le deje de gustar, que le parezca adecuado o inadecuado, tanto como que se atreva a dar una opinión en representación de un cargo político, al margen de la justicia, y afirmar contundentemente que ha sido bueno o malo lo que se ha decidido, que, definitivamente, y en representación de un cargo político, apoya o rechaza la justicia, como si la justicia necesitara mínimamente de su apoyo o rechazo para ser más o menos justa.

Y, en otro orden de cosas, no solo que se muestre como defensora o crítica de la justicia [inoportunamente], sino incluso su opinión al respecto: criticar con una negación a la consideración napoleónica de "el fin justifica los medios", y pretender quedar tan justa como un juez y tan moral como un cura. ¿Desde cuándo el fin no justifica los medios? Es decir, no por sí mismos, sino como instrumento de la ley. Estamos hartos de ver discursos, masas informes de lenguaje ininteligible, sobre presupuestos, recortes, medidas en general, que solo buscan un fin, la estabilidad, pero que toman como medios los más inoportunos para las familias, como es el rescate continuo de los bancos, que siempre parecen necesitar ayuda y después se permiten subidas de salarios y comidas más que lujosas, por no hablar de las sanciones económicas, prisión, o la violencia policial, que se ejecutan como método para favorecer la convivencia.

En resumen, ¿qué es la política sino medios para alcanzar la estabilidad social, sean cuales sean los distintos aspectos de la misma? Pero siempre habrá gente que no entienda esto, y que, además, crea que tiene derecho para juzgar, sin ser magistrado, los actos de jueces que, no solo han hecho más por la justicia social, sino que se han dedicado a machacar a todo el que impedía la misma.